Pandemia 101: La lección de Virchow

Joven de mente brillante y elocuente. Sus pies arribaron en 1847 por orden del estado prusiano a la Alta Silesia. La tarea era urgente! Una epidemia de  tifus se había extendido por el distrito de Pless diezmando el 10% de su población en solo un año. Rudolf Virchow, el gran médico patólogo,  diseccionó el problema y lo puso bajo su intenso microscopio: Hacinamiento, hambre, falta de higiene. “Siglos de deprivación mental y corporal habían vuelto a sus habitantes pobres e ignorantes, perdiendo su energía y autodeterminación” decía en su magistral reporte. “Una aristocracia feudal que invertía en lujos, en las ciudades, cortes y ejército.  Una plutocracia que despilfarraba los recursos de las minas, dejando poco o nada a las manos que las trabajaban. Mientras tanto, la iglesia se dedicaba a predicar sobre el sufrimiento como ticket para el cielo.”

exposicion rudolph virchow
Rudolf Virchow (Ilustración de Robert Thom)

Toda célula nace de otra célula”, esgrimía en su revolucionaria teoría, que cambiaría por completo el paradigma del origen de la vida: tanto en la salud como la enfermedad. Auténtico padre de la epidemiología, hubiera deseado que esa energía creadora se replicara en aquella “estructura vacía, burocracia de papel, castillo de naipes” que era el sistema prusiano.  Virchow enfatizaba que “La Medicina es una ciencia social y la Política no es más que la medicina a larga escala”. La misma posición que sostuvo mientras era parte del parlamento alemán. En definitiva se necesitaba, una “Democracia completa, ilimitada” y basada en la ciencia!

Sus ideas preclaras aterrizaron en nuestro propio país con su gran pupilo Max Westenhofer. Renombrado maestro de la anatomía patológica en la Universidad de Chile. Hombre serio, calmo y observador, en  un artículo publicado en 1911 describía las deplorables condiciones en la que estaba el Lazareto de Variolosos de Temuco, abandonado por el estado chileno y la iglesia católica. Sus críticas no cayeron bien en nuestra sociedad. Se terminó su contrato y debió volver a su patria, no sin antes recibir el elogio masivo de la Federación de Estudiantes y del Consorcio Social Obrero, quienes marcharon por La Alameda el día 12 de agosto del 1911. Sólo tres años después de dicho artículo, el Lazareto cerró por insalubridad, siendo las demandas del alemán respaldadas por el grueso de médicos rurales.

manifestacion apoyo westenhofer
Manifestación de apoyo al profesor Westenhofer (Fuente: Anales U. de Chile)

Es que en Chile siempre ha habido médicos preocupados por las carencias públicas de su tiempo. Nuestra élite político-burguesa ha contado con galenos de todo el espectro partidista, como Eduardo Cruz-Coke, Luis Calvo Mackenna, Exequiel González Cortés, Eloísa Díaz, Alejandro del Río y muchos otros. La preocupación por la higiene, en especial en los sectores más pobres permitió a nuestro país superar epidemias de tifus, influenza, viruela, sarampión, fiebre amarilla. Pese a sus falencias, ha seguido un trayecto bastante sensato y el sistema asistencial público ha aguantado bastante. En una interesante entrevista la epidemióloga nacional Ximena Aguilera, explicaba que “nuestro sistema de salud primaria es fuerte, abarca una extensión muy grande, sólo igualado por Cuba y Costa Rica”. También contamos con indicadores favorables en cuanto a esperanza de vida y mortalidad infantil.  Sin embargo “la autoridad sanitaria en Chile, que incluye al Ministerio, las Seremis y el ISP se encuentra muy desfinanciada, desprofesionalizada y politizada”. A fin de cuentas, otro castillo de naipes de un gobierno de políticas  populistas, demagógicas e ineficientes.

desinfectadores trabajando 1910
Desinfectadores chilenos trabajando en 1910 (Fuente: Memoria Chilena)

Medidas como la detección oportuna, rastreo de contactos, aislamiento focalizado, además de la recolección, procesamiento y difusión transparente de datos dentro de las mesas de trabajo fueron acciones que no se realizaron en su momento.  La invitación a la nueva normalidad en la última semana de abril, y sus devastadoras consecuencias, ha sido el epítome de la desidia de quienes están al mando. Piñera, Mañalich y compañía, la  clase política-megaempresarial han demostrado una desconexión grave con la realidad ciudadana. El propio ex-ministro de salud admitió en una entrevista que existe hacinamiento en un sector de Santiago del cual “no tenía consciencia”. Si solo bastaba echar una ojeada a la última encuesta Casen o darse un simple paseo por la capital!

piñera y mañalich
Sebastián Piñera y Jaime Mañalich (Fuente: La Tercera)

La «miseria silesiana» tiene aquí una faz distinta. La deuda de nuestros hogares corresponde a un 75% de sus ingresos. Un tercio de los chilenos está en insolvencia (DICOM). ¿Cómo podemos entonces asegurarnos de que esos ciudadanos respeten la cuarentena si no tienen los medios para subsistir sin trabajar? La solución no es fácil, pero tampoco es un total misterio! Hay que garantizar de nuevo la “buena higiene” que en este caso significa el distanciamiento social, el buen lavado de manos (acceso al agua), el aislamiento de los casos y sus contactos (espacios separados en viviendas y residencias sanitarias) y, en las condiciones de hoy, cuarentenas sostenibles (reemplazo del salario). «Salvar la economía» a expensas de las vidas humanas es un oximoron, un delirio ideológico que no tiene sustento, nuevamente, en la evidencia científica.

Lúgubre escenario. Al día de hoy Chile lleva más de 160.000 contagiados y 3.000 fallecidos. Por lo menos faltan 10 meses hasta  una eventual vacuna. Nuestro gobierno se ha mostrado indolente, pese a la evidencia presentada por las sociedades científicas, el Colegio Médico, y la vasta mayoría de los funcionarios de la salud. Es en esas almas luchadoras donde se pronuncian los espíritus del pasado y sus inmortales cuestionamientos al status quo ¿Qué pensarían Virchow, Westenhofer, Cruz-Coke, Calvo Mackenna? ¿Que nuestros gobiernos no han aprendido nada? ¿Acaso la política y la ciencia no deben ir de la mano?  ¿Que los más desvalidos debe resignarse a enfermar y morir, asumir sus derechos vulnerados? ¿Sufrir el martirio como un ticket para el cielo de los pobres? Confío en que la respuesta del pueblo chileno sea un rotundo no.

Deja un comentario