Gracias Jacqueline!

Si pudiera elegir uno de mis momentos top ten sería fines del año 2005, cuando gané mi primer concurso de cuentos y un cheque de 100.000 pesos entregados por Jacqueline Van Rysselbergue, en ese entonces una dinámica alcaldesa, que se movía con prometedor desplante en el el ámbito municipal penquista. La verdad poco sabía yo de ella, ni me interesaba tampoco, hasta que me entregó el galardón acompañado de una simple frase : “Sigue escribiendo”. La plata la gasté de inmediato, probablemente en alguna mis drogas favoritas como las cartas Magic o las novelas de Ian Fleming.  Todavía guardo, sin embargo,  aquel recorte del Diario El Sur. En la foto aparecemos reunidos todos los finalistas en la multisala municipal.  Ella en un extremo con su profesional chaqueta negra, blusa blanca impecable,  tacos altos y rostro ceñudo. Yo en el otro extremo con mis chaleca escolar, gafas ñoñas y cara de falsa modestia. Un momento icónico en mi historia personal. 
En esos años era solo un bienintencionado chico de lo que ahora sé que siempre fue clase alta. Me vestía de riguroso soldado católico apostólico romano ABC1 con mis desayunos fraternos, misiones evangelizadoras y misas semanales. Pero era bastante malo para el roce social,   que siempre me causó más escozor que satisfacción. Era demasiado escéptico para ser cura y muy rígido para ser zorrón. No calzaba casi en ningún lado así que me sentaba en la vereda del frente, tomando notas de aquel experimento social llamado nuevo milenio en el Chile VIP. Por eso el comentario de Jackie me cayó como anillo al dedo. Un aliciente para narrar con mi propio estilo aquello que sucedía a mi alrededor, porque siempre, siempre hay una historia detrás de todo el ruido y pocos han metido más bulla que la omnipresente patrona de la UDI en las últimas dos décadas.
Desde entonces no me ha faltado material gracias al legendario periplo de mi colega JVR. Defraudó por millones a través de licitaciones a mi querida Muni, fue pauteada por las grandes pesqueras, le entregó a sus cercanos departamentos destinados para inundados del 2006, entre varias otras joyitas. Todo hecho con la tremenda convicción de los viejos estandartes de la ultraderecha que habitan en ella y  que explica su acérrima defensa a alguien como Gustavo Hasbún, niño símbolo de la corrupción, estratega de medio pelo y fuente de memes ad aeternum, y más recientemente a Marcela Cubillos, quien tendrá la oportunidad de revivir sus tiempos de colegiala en el nuevo plebiscito (por favor no difundir su  aparición en la campaña del SI para que no sufra bullying). Todos cortados con la misma tijera. Aquellos que confunden la buena cuna con el mérito, la academia con la virtud, el poder con el derecho a joderse al pueblo chileno.  Por eso seguiré escribiendo. Gracias Jacqueline.

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