Vivir sin drogas: La broma asesina

El miércoles recién pasado, el legendario actor Heath Ledger hubiera cumplido 40 años. Lamentablemente, una fatídica mañana del 2008 lo encontraron tirado en su apartamento de Manhattan, sin un resto de vida, pero con un coctel de oxicodona, hidrocodona, diazepam, alprazolam y doxilamina disuelto en su sangre . Su rostro de veinteañero perdió toda expresión, pero nos quedamos con las retorcidas y astutas muecas del Joker. La historia del joven australiano culminó en una galardonada, aunque horrible y criminal carcajada.
Las drogas no son para la risa . A nosotros, la encuesta del Senda del 2017  nos mostró que 1 de cada 3 estudiantes entre octavo básico y 4to medio ha consumido o las consume. Por eso el gobierno lanzó esta misma semana el programa “Elige vivir sin drogas”, basado en el sistema islandés “Planet Youth” con el objetivo de mejorar el “ambiente” en el que están insertos nuestr@s chic@s. Hay redoble de tambores, se abre el telón, enorme aclamación inicial. Pero basta mirar un poco más cerca para notar que corre el riesgo de convertirse en otro vodevil de caretas bienintencionadas. En un país donde la educación pública está debilitada, donde las jornadas laborales son extensas, con un bajo salario y nefasta distribución del ingreso, esto de “elegir” para la mayoría adquiere matices circenses. Como guinda de la torta, y teniendo en cuenta que no se trata sólo de dinero, la inversión propuesta por el gobierno es de 500 millones de pesos anuales en comparación con los cerca de 800 mil millones proporcionales  que deberían ser si se quisiera replicar realmente el modelo islandés. Sólo por ponerle cifras.
Lo trágicómico es que los mismos recursos que ya existen muchas veces no se usan. Recuerdo que en mis tiempos de interno, estuvimos con un compañero en un Cesfam de nuestra provincia. Teníamos el propósito de aplicar la Ficha CLAP, una excelente herramienta preventiva para detectar factores de riesgo (trastornos mentales, violencia intrafamiliar, falta de uso de anticonceptivos, abuso de drogas) entre los 10 y 19 años. Sin embargo, en nuestro establecimiento se había cumplido su “meta anual”, (ahí por septiembre a todo esto), y para que no se les exigiera más de estas fichas al año siguiente, nos prohibieron seguir realizándolas, pese a nuestros reclamos. Siendo los municipios la primera línea para implementar el nuevo programa gubernamental, ese tipo de antecedentes preocupan, más aún si el mismísimo INJUV (único organismo estatal dedicado 100% a los jóvenes) quedó fuera de la ecuación.
Es como una extraña novela, graficada en la experiencia de nuestros adolescentes, que a nuestros ojos parecen seres desagradables, enfurruñados y cada vez más indiferentes. Sin embargo, el relato social que se escribe gracias a las decisiones que tomamos desde nuestro bureau de adultos “responsables” se torna en imágenes eternas en su mente juvenil. Su plasticidad neuronal, facilita que absorban las lecciones que les enseñamos. Son tremendamente influenciables, para bien o para mal. Entonces no nos sigamos riendo de ellos. Porque aunque no seamos sus héroes, eso no justifica que nos convirtamos en sus villanos. El abuso de drogas no es gracioso, sino letal. Entonces nuestras bromas también lo son.

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