1 de abril o La Muerte de Aurora

El día de hoy comenzó con angustias bastante mundanas. Los  anglosajones  con la preocupación  de no ser víctimas  de inesperadas bromas (Fool’s Day). Los chilenos sólo con un ahogado grito: “mierda…la declaración de impuestos”! Pero lo que probablemente muy pocos recuerdan es que un primero de abril hace poco más de doscientos años ocurrió aquí mismo algo muy peculiar: el ocaso de una aurora. Me explico, hubo una vez un sacerdote llamado Camilo Henríquez (sí, como el terminal de Turbus en Conce). Pero aunque no lo crean, la vida de este auténtico patriota (en el sentido más poderoso del término) significa mucho más que la sede sureña del transporte interurbano más caletero de Chile. 

Henríquez, oriundo de Valdivia, era de ascendencia española directa. De hecho, su “limpieza de sangre” fue algo que evaluaron antes que entrara al noviciado de la orden religiosa de San Camilo de Lelis (hablando de cosas que no echamos de menos del siglo XVIII). Pese a la extrema pechoñez de sus superiores, recibió allí educación sobre lógica, física y matemáticas por parte de un subversivo clérigo que abrió su mente al movimiento cultural de la Ilustración, basado en la búsqueda del conocimiento y la razón como medios para el progreso. Su avidez por el saber acerca de temas tan ajenos al conservadurismo católico le llevaron a ser interrogado y encarcelado por Ia infame Inquisición Española en 1809. Sin embargo, una vez liberado y al conformarse la 1era Junta Nacional de Gobierno en Chile al año siguiente decidió unirse al movimiento independentista liderado por los burgueses rebeldes que eran Carrera, Infante, O’Higgins y Cía. Ltda. Camilo tenía ansias de una autonomía no solo política, sino también cultural chilena por lo que decidió renunciar al sacerdocio para dedicarse al periodismo.

Creó la “Aurora de Chile”, el primer periódico nacional en 1812. La idea era compartir con los ciudadanos de a pie no solo las ideas de independencia por las que abogaban una patota de cuicos sublevados sino también el pensamiento de Voltaire, Rousseau y Washington, grandes pensadores cuya contribución a la victoria por sobre la ignorancia, la superstición y la tiranía fue fundamental para el desarrollo de la humanidad ¿Quién pensaría que ese tremendo aporte a nuestra imprenta fuera obra de un cura de clase alta? Parece una broma, pero fue tan serio y real como el desastre de Rancagua o del puente Caucau. No obstante, como todo lo bueno suele durar poco, un día como hoy de 1813 se publicó el último número de aquella histórica gaceta que fue reemplazada por el “Monitor Araucano”, del cual Camilo fue también director. 

Estoy convencido que el legado de este personaje sigue vivo y más aún en esta época en la cual la esfera política está tan viciada de ignorancia, superstición y tiranía (¿acaso no aprendimos nada?) que los medios masivos muchas veces no aciertan a combatir. Es la razón de ser de este folletín digital pobremente editado llamado inenarrables.cl y el porqué día a día trato, al igual que muchos otros comunicadores independientes, de evocar una nueva “época de las luces” para acompañar las noches oscuras que precederán, confío, a una nueva aurora.

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