ALERTA: FAKE NEWS CHILE

Ayer en la página de facebook “Amigos Penquistas 5”,  una mujer reclamaba que, mientras transitaba por la Vega Monumental, un haitiano la drogó acercándole un papel cuando le preguntaba una dirección. Historia muy similar a otras supuestas denuncias sobre los efectos de la burundanga o escopolamina, y que ya hace varios años ha sido descartada por expertos de la PDI. Lo bueno es que la mayoría de los comentarios reprochaban aquella denuncia en la cual ni siquiera se presentaban documentos de carabineros o del servicio de urgencias. Aún así se compartió más de 500 veces en la red social, caja de resonancia para pregoneros de ideas clasistas, racistas y/o xenófobas. Todo por un injustificado pánico colectivo en un país que según la ONUDD tiene una tasa de homicidios de 3,4 x 100.000 habs, el más bajo de Latinoamérica! Costa Rica tiene una tasa de 11,7 (el triple) y los “ticos” casi te chocan los 5 cada vez que los saludas. Menos aún, van a salir corriendo si les preguntas una dirección.
El miedo es un fenómeno natural y útil en la vida cotidiana. Pero en el instante en que se descontrola y, peor aún, masifica es cuando se vuelve en nuestra contra.“Es lo que la ciudadanía teme”, por ejemplo, fue el argumento principal por el cual se ingresó a la Cámara  de Diputados un proyecto de ley que ocupa los ya escasos recursos humanos de Carabineros para que volteen las mochilas de cabros morenos (why not?) desde los 14 años. Una política que ya se sabe tiene una efectividad del 2% (según expertos de la UDP). Pero el gobierno de turno (y los anteriores) se escudan en las encuestas para gastar plata de tod@s en algo que bien podría tener mejores réditos en otras áreas como el narcotráfico. En fin, el raciocinio del Ejecutivo tiende a estar subyugado a los miedos de la población que (suprise!) trasladan la discusión pública fuera del mal comportamiento de los gobernantes. Por lo que es un win-win para todos… salvo los que no ocupamos los asientos o pasillos de los Poderes del Estado.
Así es como ideas autoritarias, simplistas, extremas, carentes de análisis, adquieren cuerpo en forma de leyes, decretos u ordenanzas que pasan piola camufladas en medio del ruido que paraliza el intelecto de la población, teniendo al final el mismo efecto que el silencio de la censura (algo así ya decía Oscar Landerretche en su libro “Chamullo”). Quedamos a ciegas, en el oscurantismo. “Ya no se puede confiar en nadie” es la lección que pasamos a nuestros hijos, como la generación previa donde nos acusabamos entre todos de ser “comunistas”.
Por eso cuando detecten publicaciones sin sustento crítico y que inciten al odio hay que denunciarlas de inmediato. Porque aunque uno sea capaz de analizarlas, aquellos que no saben, no pueden o no quieren, lo comparten y de esa forma la estupidez en forma de racismo, xenofobia, machismo y tantos otros “ismos” termina aterrorizando a un vasto grupo de ciudadanos ingenuos ¿Como pararlo? Reportando esos posts! No poniendo “me enoja”, no argumentando contra los “trolls”. Simplemente denunciar directo a Facebook (o la red social que sea). Por poco que parezca ser, es mucho mejor que agitar las arenas movedizas de la web, que al final terminan hundiéndonos a la amplia mayoría en un fango de furiosa e irrefrenable ignorancia.

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