Sanhattan Transfer

Son las 8 de la tarde. Se respira un aire seco, hacinado, sofocante. Converge una multitud avasalladora en la línea 1. Tumulto de codos, bolsas y cartera de trabajadora doméstica. Ah, los niños por Dios, hay que acostarlos. Pero no puede correr más. Aunque el tiempo pasa volando. Los punteros son despiadados, no se detienen en el Rolex del abogado. Tarde a la reunión. Los impuestos se esquivan mucho más rápido que el tráfico de la autopista. Sólo queda respirar profundo y clamar misericordia. Mirar al cielo surcado por aviones que vencen a la alta cordillera. Aeronaves que desembarcan en el Comodoro. Aterrizan pies y sueños traídos desde el trópico. Cabizbajos avanzan sus pasos. Resignados. Corazones agitados, arterias hipertensas cargadas de azúcar y cafeína de polvo o grano. Todos hormigas hiperquinéticas que devoran y a la vez conforman el cuerpo de la ciudad. Sólo queda subir, subir allá lejos al nororiente, ahí donde los cóndores encumbran el vuelo. Pero hay siempre un límite, señor ilustrado,partner de sus perversos holdings. Hold your breath. Vienen manos desafortunadas, aunque poderosas. Lo arrastran de vuelta al oscuro túnel que usted cavó ¿Si todos podemos surgir desde abajo, no?

Es el sueño americano, con acento chilensis. Escenario reciclado, el Big Apple criollo. Más que un auténtico plagio, un boceto improvisado. Inconcluso, pero fascinante. Dulces y agraces, tristes y violentas expresiones en rostros de gente real. Historias verídicas de personas que se precipitan, bajo un mismo augurio, en direcciones inciertas. Relatos diversos, incontables. Colores infinitos. Pintamos con ellos un increíble collage. Imágenes del ciudadano promedio, adheridas a las paredes subterráneas, las notas policiales y los descargos por Facebook. Distintos tonos de la gran verdad de Santiago, el epítome de la tierra prometida a nuestros inmigrantes, inversionistas y, sobre todo, nuestros hijos. Les advertimos y rogamos no escarbar en el fango, pero siempre descubren esos cimientos crujientes. Bases movedizas, danzantes. Que increíblemente aguantan los embates de nuestras trémulas placas y el peso de las colosales torres de acero, concreto y cristal donde reposan los patrones del capital ¿O de la capital? Interesante disquisición. Para darle una vuelta. O vuelta y media en mi simple mente provinciana. Cresta que se inspira uno, esperando en la eterna fila de la línea 1.

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