(In)Dignus: Confesiones de un millennial

Estamos en medio de una época agitada por estos lados. Basta ver los ataques al movimiento feminista, los oprobios a los extranjeros, la libertad de los reos VIP y el perdonazo a los estafadores del estado. Menudo embrollo! Es fácil entonces perder de vista, en medio del conflicto, un principio tan esencial como lo es la dignidad humana. Si uno busca el significado concreto (dejando de lado el manoseo político del término), la RAE define digno como aquello  “correspondiente, proporcionado al mérito y condición de alguien”. Pero si uno desea encontrar una respuesta profunda y auténtica, tendría que escarbar un poco más adentro. La mejor manera, creo, es la introspección. Partiré entonces con mi propia experiencia. Espero que les sirva.

Nací casi al final de la dictadura y crecí en los 90’s en un Chile “renovado y democrático”. Al amparo de una buena familia, experimenté los beneficios de una infancia híbrida, con la imaginación del juego analógico (caballo de bronce, tazos, polquitas) y el incipiente pragmatismo digital del siglo XXI (Chat IRC, Nokia “Ladrillo”). Era el fenómeno de los primeros millennials, esos chicos patudos que reivindicaban sin miedo ideas de progreso y justicia social, antes de los smartphones y las redes sociales. Facebook no estalló hasta que llegué a los 20 años, cuando ya estaba de cabeza estudiando medicina. Justo por esas fechas vi por primera vez morir a un paciente. Ese fue el quiebre que tarde o temprano sufrimos todos los millennials. El choque con la cruda realidad que nos sacó del paraíso de Bilz y Pap. En mi caso fue la salud chilena revelada ante mí a través del rostro de miles de pacientes de un sistema público indigno. A medida que el estrés académico, la sobrecarga asistencial y el insomnio crónico aumentaban, sin darme cuenta mi idealismo juvenil fue aplastado. Quedó arrugado, hecho una bolita pequeña, casi invisible, dentro de una sólida coraza de impermeable estoicismo.  Ya no había tiempo para teorizar sobre dignidad, había que ser ágil y eficiente para mantener el dichoso sistema en pie.

Egresé de la universidad a los 25 años con relativa cordura. Sin embargo, en mi mente habitaban voces demenciales. “No hay descanso para los malditos” o alguna de esas perturbadoras frases de automotivación que te mantienen en vela como interno. El hecho es que seguí la corriente y comencé a atender en múltiples servicios de urgencias, ambulancias, consultas públicas y privadas. Constantemente extenuado, tras turnos de 24 horas, volvía a la consulta, acarreando mi bomba de infusión de Nescafé, pretendiendo que en ese estado podía cambiar el sistema “desde adentro”, hacerlo más digno, como alguna vez soñé en mis tiempos de alumno.

Pensando en dar un giro distinto a lo que hacía, junté algunas chauchas para emprender mi propio centro de salud junto a otros socios aperrados, todos de la misma área. Nos atrevimos incluso considerando que en nuestro paraíso capitalista sólo el 10% del PIB lo pueden aportan las pymes, pese a que otorgan el 70% de los trabajos.  Como joven millennial me creí el cuento. Tener una empresa nos permitiría implementar la filosofía de nuestra generación. La misma que ha sido descrita como crítica, sin miedo a expresarse, y en la cual la justicia y la calidad de vida del ser humano son prioridades. Fue bastante difícil, pero nuestra experiencia en las trincheras de la salud, nos permitió, como equipo, ganar las peores batallas. Sin embargo, descuidé mucho mi propio estado físico y mental. Tras varios años de estabilidad, mi antigua epilepsia emergió y volví a tener varias de esas horribles convulsiones. Ya no podía confiar ni en mi propio cuerpo ¿En qué cresta estaba pensando? ¿Cómo podía ayudar a otros sin siquiera saber cómo ayudarme a mí mismo?

Casi por la fuerza, tuve que hacer reposo. Eso me permitió por fin hacer una genuina reflexión sobre mi propia dignidad y como la estaba maltratando. Creo que pocos meditan sobre ello. Algunos simplemente porque no pueden. Por ejemplo, un obrero esforzado piensa que merece un empleo digno con un salario justo, ambiente seguro, jefes comprensivos. Pero no sabe a ciencia cierta en qué consiste específicamente cada cosa ¿Cómo podría analizarlo si trabaja toda la jornada y llega a casa solo a dormir? La otra cara de la moneda son quienes a los que simplemente no les importan ni convienen esas disquisiciones éticas. Por ejemplo, los miembros de la élite chilena, que pueden acceder a cualquier empleo, aunque no sea merecido, y luego apelar a que su propio cargo sea “honorífico”, o sea, que per se le conceda honor a ojos del resto. Es así como en nuestro país tenemos liderazgos retrógrados, corruptos y endogámicos a nivel político-empresarial . De 50 grandes empresas en Chile, 40 comparten directorios. ¿Libre competencia? Mis polainas! ¿Oportunidades para todos? Ni hablar! Así es como se mantienen constantemente desnivelados los conceptos de dignidad para los de arriba y los de abajo.

Es un tema al que vale la pena darle un par de vueltas. Aunque uno quede con vértigo y un poco de náuseas. A mí me sirvió para quedar en paz conmigo mismo. Es cierto que al fin y al cabo, soy un simple y pequeño médico/empresario que sigue trabajando por sus pacientes del mejor modo posible. Que está consciente de que hay todo un equipo del cual es responsable y cuyo apoyo necesita. Pero ya tengo mucho más claro que mi dignidad, por merecida que sea, no me la entrega solo una universidad, empresa o una asamblea de la ONU, sino también, y por sobre todo, yo mismo  y aquellas personas que necesitan mi ayuda. La reciprocidad altruista entre seres humanos es una cadena, un círculo virtuoso. Sobre todo para los que tenemos la iniciativa y voluntad de interceder por aquellos que ni siquiera pueden concebir sus propias carencias. Somos los chicos patudos, quienes aún queremos elevar nuestra arena de audaces gladiadores hasta el palco de los crueles emperadores en un milenio todavía recién nacido.

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s