Carta a Teresa

Estimada Sra Marinovic: Leí hace poco su entrevista en The Clinic, en la cual reitera su posición sobre el movimiento feminista, entre otros varios temas de la supuesta agenda valórica de los “fanáticos” de izquierda. Es fascinante él cómo se mantiene firme con esa postura y cómo sus aseveraciones han despertado la admiración y repudio de los internautas, incluyendo los creativos y crueles “trolls”. Ahora, con todo respeto, expresaré a usted mis inquietudes acerca de sus declaraciones sobre la contingencia social.

La “histeria feminista”, según usted está representada por “niñitas” que no tienen idea de lo que significa un abuso o una violación. Que esas situaciones hay que verlas con delicadeza, una por una… ¿No será acaso que las tomas intentan visibilizar todo lo que ocurre ANTES de llegar al abuso y a la violación? Algunos pasos antes, ahí por las encerronas y besos cuneteados del jefe. O mejor antes… ahí en el agarrón de cintura y poto del guardia del pub. O un poquito antes mejor… ahí por los célebres “piropos” en las calles. ¿Porqué no partimos de esa base en vez de encargarnos sólo de las previsibles tragedias? Un médico, por ejemplo, puede tratar con sumo cuidado a un paciente con VIH, un coma diabético, un herido de bala. Pero sí debe ser diligente en promover el uso de preservativos, la dieta saludable y el control de armas para evitar las desgracias antes que sucedan. Una cosa no quita la otra, doña Teresa.

Por otro lado, sé que el asunto de las tomas la estresa. Sobre todo el de la “Ponti”, sagrado bastión del conservadurismo académico. A través de esa toma pudo negociarse con el rector Sánchez la regularización del pago a trabajadoras subcontratadas, la revisión de casos de abuso desestimados previamente y mayor inclusión a los alumnos trans. También tuvo un valor simbólico importante. El movimiento feminista ocupó 32 universidades, pero lo que llamó la atención fue la “Cato”, con todo el ruido y controversia que puede haber generado. Sé que es una lata para los estudiantes. Admito que yo mismo me opuse a la toma de mi Facultad en la UdeC durante la “Revolución Pingüina”. Pero después conocí los casos de cientos de mis compañeros que no tenían las facilidades mías para financiar sus estudios, así que terminé apoyándolos en sus demandas de ese entonces y los años siguientes.

Respecto a las “malvadas” mujeres que nos explotan seduciéndonos con escotes amplios y faldas cortas…Pucha, quizás. Para que le voy a mentir. Como médico, puedo dar fe de que le ha sucedido a colegas. Pero al mismo tiempo pasa que las médicas son tratadas a veces de “niñas” en sus lugares de trabajo, mientras que a nosotros nos tratan siempre de “doctor” ¿No serán acaso dos caras de la misma moneda? Quizás siendo respetuosos con las chicas en la casa, la calle y el trabajo no se sientan mercancía sexual, sino que personas con potenciales que van mucho más allá de su aspecto físico. Quizás acabar con ese paradigma de “inteligente = amargada” podríamos superar eso. Digo yo…

Concuerdo con usted que hay un usufructo evidente de los demagogos que agarran los estandartes de las causas justas. ¿Intentan las líderes del movimiento y la ministra Plá hacerse carrera política? Probablemente. Pero no es razón para perder el foco en un gran problema nacional. Cien años atrás, Alessandri, el “León de Tarapacá”, lanzó su campaña presidencial bajo la consigna de los derechos de la clase obrera chilena ¿Era esa una causa improcedente? Claro que no. Lo mismo pasa con el feminismo. No nos detengamos tanto en los caudillos. Basta con mirarnos a nosotros, los compatriotas comunes y corrientes. Esos que muestran la hilacha como sucedió con los hinchas de La Roja en el mundial pasado. A los que una profesora brasileña de 40 años denunció en los medios por haberla agarrado de un brazo e invitarla de la nada a “divertirse con ellos”. “Me sentí como una prostituta”, reclamó angustiada ¿Esa es la imagen que dan nuestros hombrecitos? ¿No es una señal de alarma? ¿Una bandera roja chilena?

Debo reconocer que hay buenas señales. El parte a un obrero de Las Condes sienta un precedente importante. Pagar entre 3 a 5 UTM no es ninguna gracia, al igual que hacer comentarios no requeridos al aspecto de otra persona en la vía pública. Así se desincentiva algo que hace mucho rato estaba validado en nuestro subconsciente masculino. Los “piropos”, a mis ojos, son esa basura que el vecino “flaite” lanza a la calle todos los días desde un quinto piso. Derrama una vertiente de hediondez que la gente trata de esquivar diariamente, mirando a otro lado para no sentir el nauseabundo olor. Bueno, ese “vecino” hoy tendrá que pagar unas 200 lucas la próxima vez que lance su porquería verbal. Así, en este caso, las chicas podrán caminar sin temor, sin asco, sin tener que mirar para otro lado.

Le deseo buena suerte, Sra. Teresa. Continúe aprovechando el derecho a la libre expresión en la democracia forjada por homosexuales. Disfrute tiempo de calidad con su familia, mientras las “niñitas histéricas” luchan porque sus propias hijas tengan un porvenir seguro, justo y feliz. Saludos cordiales.

Javier Lastra

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