Las reglas del juego

“El alto mando dijo que habían entregado volantes informando nuestras operaciones en Gaza, advirtiéndoles a los residentes que seguir ahí sería una sentencia de muerte. Nuestros soldados se sentían tranquilos sabiendo que al menos se les había avisado…pero yo sabía que la Franja es demasiado pequeña, la gente no tiene a donde ir”, ese fue el testimonio de un apesadumbrado capitán de las fuerzas armadas israelíes en el 2014, explicando las denominadas “rules of engagement” elaboradas por sus superiores y que, sin duda, demostraban un nulo respeto por la vida de los civiles de la región. Así como éste existen varios ex-combatientes que decidieron romper el silencio en los últimos años. Sin embargo los horrores en Gaza persisten, como reflejaron las protestas palestinas desde el 30 de marzo en el contexto de los 70 años de la ocupación israelí y la reciente apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén. En este periodo las fuerzas armadas de Israel han matado a 111 y herido a 12.000 personas del enclave fronterizo, so pretexto de neutralizar las células terroristas de Hamas.

Aunque las Naciones Unidas y Amnistía Internacional han expresado su indignación por el uso excesivo de fuerza de los israelíes, la verdad es que al resto del mundo no le preocupa mucho. Cierto es que cada país lidia con sus propios problemas. Pero su ciudadanía e instituciones pueden tener tremendas repercusiones en el exterior. El caso de Donald Trump, quien representa los intereses de Estados Unidos, es la evidencia perfecta de cómo no debe proceder un jefe de Estado, presentando la más incondicional complacencia con la actitud del gobierno hebreo. La situación de Chile es más discreta, pero tiene una particularidad ya que aquí está concentrada la mayor cantidad de palestinos fuera del mundo Árabe e Israel. Increíble, pero cierto. Y aún así pareciera que la crisis de Palestina y otros países de la zona existen sólo mientras Reuters, Asociated Press o EFE se pongan las pilas. Cuando los ciclos de violencia llegan a su clímax. Nos irritan esas noticias, pero sólo en un par de días se ven opacadas por asuntos domésticos (algunos muy importantes por cierto) restableciéndose esa inconsciente pseudo-dicotomía entre la honra a los derechos humanos esenciales fuera y dentro del país.

Chile, en cierto modo, ha tenido suerte. Considerando la aberrante desigualdad socioeconómica que nos afecta, tenemos el menor índice de homicidios en América, después de Canadá. No hay excusa para ignorar la importancia de la situación en Medio Oriente, donde el concepto de genocidio sigue vigente en pleno siglo XXI. Ante ello lo primero que debemos hacer es informarnos a fin de difundir un mensaje coherente y productivo, manteniendo dentro la discusión pública la búsqueda de una solución a esta pesadilla que nos despierta a ratos. No basta rezar, no es suficiente compartir memes ni colorear nuestras fotos de perfil. Una opción más concreta de colaborar es haciendo donaciones a ONGs como “Médicos sin fronteras”, “Palestin Children’s Relief Fund” e “Islamic Aid”, entidades dedicadas a proveer cuidados sanitarios, medicamentos y alimentos para las miles de familias que viven en este ambiente de terror. Sin embargo, lo mínimo que debemos hacer es acabar con la indiferencia y el desprecio que nos tienen amodorrados a nivel mundial. Es hora de cambiar las reglas del juego, hermanos míos.

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