Prensa sin corazón

Me costó creerlo, pero así fue. El viernes recién pasado se anunció oficialmente el despido masivo de l@s trabajador@s de Revista Paula, publicación que mantendrá su marca reemplazando a “Mujer” de la Tercera. Al mismo tiempo se informó que la revista “Qué pasa”, seguirá circulando sólo en la web. Así nomás! Un escopetazo, dos perdigones directo al corazón de estas gacetas chilensis, las que  han acompañado por décadas a los lectores de nuestro país.
Aunque QP  fue la que abandonó el papel, el caso de “Paula” me parece el más relevante. A simple vista, el grupo COPESA (familia Saieh), propietario de estos medios, tomó una decisión predecible. Su director de negocios y editorial, Andrés Benítez (ex rector de la Adolfo) dice  que solo se están “poniendo a tono con los tiempos” y, acerca de las desvinculaciones, en que “ésto no depende de un grupo de personas, sino que es algo que está por sobre eso”.
Sorry, pero nombrar “Paula” a la revista Mujer sería como ponerle “Starbucks” a un tarro de Nescafé. Uno puede respetar ambas marcas y quizás éstas comparten algún principio, pero en la práctica son totalmente distintas. Para ilustrar les muestro la primera portada de la ahora semi-fallecida quincenal. Calentita, recién, lanzada en julio de 1967, nos muestra un artículo sobre píldoras anticonceptivas. Boom! Disruptiva del status quo, con un periodismo métodico y serio, que podía abarcar sin tapujos despenalización del aborto, salidas del closet, trasplantes renales, conflicto en la Araucanía, etc. Ése era el “estilo Paula” ¿Podemos decir lo mismo del suplemento dominical femenino de La Tercera? Uno se mantiene, por lo menos, escéptico.
Pero el punto principal no es ése. Es el espíritu de los medios. Su esencia como mecanismo de difusión de realidades concretas, importantes y desconocidas para nosotros, la mayoría. Trabajo que requiere una investigación lenta y costosa, pero es fundamental para nutrir el pensamiento crítico y proactivo de nuestros ciudadanos. Si rellenamos esa brecha con catálogos, copuchas, recetas milagrosas, un pupurrí de banalidades de rápido consumo y excreción… ¿Qué nos queda? ¿Los comunicados de prensa del gobierno de turno? ¿Las líneas editoriales de sus amigos en los grandes holdings de comunicación? Acordémonos que El Mercurio y Copesa reciben cientos de millones en subsidio estatal (plata nuestra) por publicidad. Un pacto de incestuoso cariño dentro de la clase político-empresarial. Tal cual.
Un gallo seco, David Simon, galardonado reportero del Baltimore Sun y creador de la serie “The Wire”, en una conferencia del 2009 decía “Envidio a los políticos. Los próximos 10 a 20 años van a ser los mejores tiempos para la corrupción“, haciendo referencia a la pauperización de la labor periodística en la era digital. Profético y fácilmente extrapolable a nuestra realidad. En nuestro caso hay menos alboroto, pero los medios siguen muriendo de a poco. Se convierten en spam legitimado, pesadillas ortográficas, basura pegajosa viralizada en redes sociales. A fin de cuentas, marcas tristes, que no dejan marca, salvo los viejos fragmentos del valioso papel. Lágrimas de un ejército informativo, hoy disperso, desolado y hecho jirones.
Por suerte, quedan todavía los reporteros independientes y los advenedizos como yo, que siguen en las trincheras, armados de idealismo rebelde e ingenio chasquilla. Protegiendo el corazón del periodismo, que todavía late fuerte y rabioso. Continuaremos, sin pausa, dando lo mejor de nosotros. Un abrazo.

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