¿Licencia para vivir?

Contemos la dura. Los chilenos tenemos fama de perezosos. Sobre todo entre nosotros mismos. De hecho, en una encuesta del 2015 de la agencia Acción, se afirmaba que el 72% de nuestros trabajadores es flojo o sacador de vuelta, entre otras cosas. Para muchos no es una imagen muy alejada de la realidad, considerando la epidemia de licencias médicas que le ha costado a Fonasa e Isapres cantidades absurdas de dinero. De hecho, la semana recién pasada se anunció la formalización de una doctora por fraude al fisco. 6700 licencias en 8 meses, 200 millones de pesos de pérdida para nuestros sistemas de salud. Como médico que soy, mi reacción fue de vergüenza, pues todos los galenos sabemos lo importante que es un reposo laboral apropiado, siendo una herramienta fundamental las licencias. Pero dado el abuso en su utilización los contralores de cada previsión han creado verdaderos anticuerpos contra las ellas, especialmente las psiquiátricas. Pagan justos por pecadores pa’ variar.

Siendo honestos, estas no son noticias nuevas para el gremio médico. Pero sí me desconcertó el gran apoyo por parte de los usuarios de redes sociales a lo que a todas luces es una tóxica distorsión de la labor de los facultativos. ¿Habrá entonces algo más profundo que explique esta situación?Mi hipótesis es que un asalariado chileno más que quedarse en casa, lo que desea es evitar las dolencias que le produce su trabajo. Si a una joven secretaria de 48 kg le toca cargar un cuarto de su peso en cajas de archivos cada media hora. Si un guardia de 120 kg hace turnos de 24 hrs sentado en un cubículo, mientras come 3000 Calorías en puros snacks ¿Será sorpresa que la primera desarrolle una discopatía lumbar precoz? ¿O que el segundo tenga un infarto cardiaco cuando le toque perseguir a un intruso? Como esas hay ciento de enfermedades generadas en el trabajo y que se pueden prevenir con medidas concretas. Hablo de escritorios con pantallas a la altura de los ojos y con buen apoyo de antebrazos, dietas personalizadas en los casinos, actividades deportivas entre colegas, guarderías para los niños más peques. Son inversiones importantes, pero efectivas, que ya se hacen en varias partes para disminuir el ausentismo laboral, talón de aquiles de nuestra frágil economía neoliberal.

Como ven, el exceso de licencias médicas es, en gran medida, un síntoma de la mala calidad de vida de los trabajadores chilenos. Por eso nuestras empresas deben cambiar el rumbo hacia un liderazgo consciente. Lo que menos necesitamos es “matarnos trabajando” en una pirámide erguida sobre espaldas latigadas de esclavos criollos. La estructura corporativa debe tener la armónica potencia de la falange griega, de la caballería polaca, del escuadrón kamikaze en el siglo XXI. Así que,cabros, pongámonos al día! Directivos y empleados deben defender juntos sus misiones y visiones, estandartes caídos que tenemos que recoger, enarbolar y compartir. Sólo así podremos hacer avanzar nuestro país para que alcance su verdadero potencial. Un abrazo a todos 🙂

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