Carta a José Antonio

Estimado Sr. Kast: Lamento mucho la agresión que sufrió ayer en Iquique. Como pronto notará, no soy fan suyo, pero nadie merece aquel tipo de maltrato. Le deseo en serio una pronta recuperación. Ha de reconocer eso sí, que el masivo rechazo del área estudiantil (UdeC, UnaB, UnAP) es algo con lo que usted ya contaba. El riesgo corrido le valió tremendos frutos mediáticos que, por muy pechoño que sea, le mantienen vigente en el pensamiento colectivo chileno.

Ahora, si me permite apelaré esta vez a MI derecho a la libre expresión. Seré lo más conspicuo posible, pues creo que, a diferencia de muchos de los líderes del sector conservador chileno, a usted le debemos tomar bien en serio. Muchas de sus propuestas son buenas. Concuerdo frente al tema de control de inmigración, que se necesita filtrar la llegada de extranjeros si van a trabajar a nuestro país en condiciones infrahumanas (lo cual solo ha beneficiado a LAW, traficantes de personas y empresas inescrupulosas). Otros puntos a favor son la preocupación por las áreas verdes y el deporte en los colegios. Hasta ahí todo bien.

Pero ahora me pondré pesado. Me molesta el que decida invocar la ley Zamudio para darle “de su propia medicina” a la UdeC (mi Alma Mater), considerando cómo usted discrimina a las parejas homosexuales en lo relativo al matrimonio igualitario ( “Si yo fuera homosexual sería casto”). Por otro lado pretende derogar el aborto en 3 causales, siendo que el 70% de los chilenos apoyan aquella propuesta (no el aborto libre,ojo). Asimismo, ha dado claras señales de que para usted es suficiente con los tatitas de Punta Peuco y el bienestar aparente en nuestro modelo de consumo/deuda para enmendar los crímenes de la dictadura (o pronunciamiento militar que es su eufemismo preferido).

Lo recién mencionado es parte fundamental de su discurso, especialmente frente a temas de derecho reproductivo y diversidad sexual, desafíos en los cuales el legislativo ha avanzado poco a poco para garantizar trato digno a miles de chilen@s que viven y piensan distinto que usted. Su obstinación en impedir dicho progreso es claro ejemplo de hostilidad hacia los ideales democráticos de esta nación. Ideales que impactan contra los suyos propios, que se resienten, acorralados por voluntades legítimas. Yo admiro su convicción que no tiene nada que envidiar a la de Jaime Gumán, H. Pérez de Arce ,Sergio de Castro, entre otros personajes de la “ultraderecha cerebral”, la más obstinada y menos mamona. Pero tarde o temprano tendrá que entrar en razón. Si usted no lo hace, Chile torcerá su brazo (o tobillo).

No lo tome a mal. Yo en verdad empatizo con usted. Soy 3a generación de esforzados inmigrantes europeos (catalanes en mi caso), fui formado en el catolicismo (Schoenstatt, donde su hermana Bárbara es recordada con cariño) y he tenido un buen pasar en general (no tanto como usted, pero no me puedo quejar). Así que no se confunda cuando le digo que agresiones como la que sufrió, si bien no tienen sustento ético, poseen una base lógica. Ya sé, es una afirmación redundante, pues su perspicacia ha calculado la ventaja de esta estrategia. Espero que le quede claro con esta misiva que ese plan ya lo conocemos. Tan weones no somos.

Javier Lastra

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