Myriam Olate, los pitutos y la paja de servir al Estado de Chile

Si vas a trabajar en el sistema público nunca lo hagas más de 22 hrs semanales. 33 a todo reventar…o te volverás loco, fue uno de los últimos consejos que recibí de una excelente doctora en un consultorio cuando estaba realizando mi internado de medicina. Aún con aquello en mente, desde que egresé hace más de 4 años me he desempeñado en varias labores del sistema de salud pública, dentro de ellas en una de las instituciones más controversiales de nuestra actualidad, Gendarmería de Chile.   Por eso no he permanecido ajeno a la polémica, como la situación de los llamados “jubilazos”.  Me molestó bastante el cómo concluyó el caso de Myriam Olate (ex-esposa del presidente de la Cámara de Diputados Osvaldo Andrade) y varios otros funcionarios, después que la Corte de Apelaciones ordenara restituirles sus tontas pensiones de más de 5 millones de pesos. Fue para mí un verdadero agravio, una bofetada el presenciar cómo se juega con los cargos públicos, recurriendo a cualquier triquiñuela para inflar las pensiones, mientras hay asuntos mucho más urgentes que resolver en este incomprendido organismo estatal.

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Pero voy a dejar de lado mis pasiones personales y tampoco voy a ahondar esta vez en nuestro mezquino sistema previsional (saludos igual a los zorrones de AFP Capital que lo estaban pasando piola en Cancún). Sin mayores preámbulos, hoy los conduciré en un trepidante y escabroso viaje por las pobrezas, bajezas y perezas de nuestro sistema de administración pública, los amiguismos y la paja crónica de servir al estado chileno. Let’s go!

EL PITUTAZGO Y LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA: LA HISTORIA DE NUESTRA CLASE MEDIA

Según la sociología los individuos contamos con al menos 3 tipos de capitales: el cultural (conocimientos y habilidades), económico (posesiones materiales) y social (redes de colaboración e influencia). Esta última en Chile ha mostrado a tener una eficiencia significativa que se concentra en el pituto o intercambio de favores, una forma de reciprocidad entre individuos del mismo círculo o nivel social que permite mediante vínculos informales, mantener una solidaridad orgánica entre cercanos. El pituto en Chile, lejos de ser un mero instrumento de las  clases altas, ha sido una parte fundamental del nacimiento y desarrollo de la clase media. surgida a fines del siglo XIX, gracias al auge salitrero. Si bien los primeros que se distinguieron en ese grupo eran profesionales independientes, pequeños propietarios, artesanos y comerciantes, la mayor parte de la clase media se conformó entre la década de los 20 y 60 por funcionarios y empleados del sistema público. Esta clase se caracteriza por ser urbana, con patrimonio escaso (llegar con cuea a fin de mes) y su alta escolaridad. Pero hay un ingrediente fundamental que son las ventajas corporativas entregadas por la administración estatal, especialmente en lo relativo a la postulación a cargos, muy afines a lealtades políticas (como en el caso de Myriam).

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Recordemos que hoy un 70% de los chilenos se considera de clase media,aunque sólo un 57% (desde el grupo C1a al C3) pertenecen a dicho segmento. Estos representan en conjunto la mayor capacidad de consumo, y de endeudamiento, en Chile. Siendo cada vez más escasos los cargos públicos, debido a la desmesurada privatización de empresas que antes eran estatales (Endesa, Entel, Lan Chile, Iansa, etc.), las redes de contactos para la clase media se hicieron fundamentales y el pituto o compadrazgo un auténtico santo grial, un fin en sí mismo, a expensas de lo que conlleva servir a nuestro pueblo como se merece.

LOS PERJUICIOS DE LA PAJA PUBLICA: UNA VÍA DE DOS SENTIDOS

Como el sector público clásicamente no ha seguido la misma lógica de su contraparte privada, basado en la competencia y maximización de la producción, no ha tenido incentivos suficientes para un desempeño acorde a las necesidades del país. Lo sé porque además de ser médico, estoy inmerso en esa epopeya quijotesca del pequeño empresario, una experiencia  que contrasta radicalmente con la indolencia y lentitud de la administración pública.

El amarre de los concursos públicos, los desayunos continentales en horario laboral, los gritoneos entre funcionarios, las licencias truchas, mandar al auxiliar a comprar al Jumbo, imprimir los trabajos de los cabros chicos en la  impresora de la pega, son solo algunas de las malas prácticas que perjudican la calidad del sistema público y que todos hemos visto alguna vez.

En el área de la salud esto es particularmente llamativo. Un estudio del 2012 de la Superintendencia de Salud muestra que un 56% de los usuarios de Fonasa califican dicho sistema con nota 4 o menos en escala del 1 al 7. En el caso de las Isapres dicho indicador llega al 33%. Quienes hayamos tenido la experiencia de ser funcionarios y/o usuarios del sistema público podemos concluir que los números no mienten precisamente.

Aunque es fácil condenar los errores y horrores de la administración pública, es necesario considerar  las paupérrimas condiciones en las que se desarrollan dichas actividades. Volviendo al tema de Gendarmería,  sus funcionarios batallan en un ambiente muy hostil, particularmente quienes trabajan directamente con la población penal (en contraste con quienes no se desempeñan en centros penitenciarios y usufructúan con creces de Dipreca, como Myriam). Creen que exageraba con lo de volverse loco en el sector público? Nones, en Gendarmería es algo que se vive en el día a día. Sus funcionarios trabajan en malas condiciones,  bajo un estrés constante. Desde las agresiones a los internos hasta los suicidios,  son manifestaciones del síndrome de prisionalización de los funcionarios de esta institución uniformada, cuyo misión es tanto o más noble que la del galeno que les escribe. Son los olvidados, los underdog, los aplastados bajo el peso de las peores miserias de la humanidad que con suerte alcanzo a remediar. Será una tragedia inherente a dichas funciones o sólo el resultado natural de una mala asignación y distribución de recursos de una institución que recibe cerca de 400 mil millones de pesos anuales? Me inclino por lo último. Es por eso que las labores combinadas de los estamentos más altos de la política (los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y Contraloría) entren en sincronía con el nivel más bajo, la administración pública, para aniquilar las malas prácticas y dar vuelta este escenario. Es un camino de 2 sentidos, cuyos enormes baches han ya molestado, herido y matado a suficientes chilenos.

LA SOLUCIÓN

Tengo claro que no estoy inventando la rueda, pues ya se han hecho variados esfuerzos en el sistema público para acreditar una mejor calidad en los ámbitos de la salud, educación, etc. La misma OCDE realizó recientemente una revisión de los elementos necesarios para una administracion publica de vanguardia, eficiente, responsable y confiable.

  • Transparencia: Es cierto que ya contamos con una ley de transparencia vigente desde el 2009 basada en el principio de que toda la información que generan las instituciones del Estado es de propiedad de los ciudadanos y debe ser de público acceso. Sin embargo la corrupción que afecta los diferentes estamentos del estado, incluyendo a los mismos elaboradores de las leyes (beneficiarios de Penta y Soquimich) han mostrado recientemente que hay mucho por hacer en esta materia.
  • Flexibilidad: Estos tiempos están marcados por una constante búsqueda de la eficiencia y eficacia en el gasto público.  El estado tiene que avisparse, responder con agilidad y antelación a los nuevos desafíos económicos y sociales. No tenemos que esperar que ocurran tragedias para realizar mejoras importantes a nuestro sistema, como en el caso de la ley Emilia o Ricarte Soto.
  • Conocimiento: Con demasiada frecuencia las medidas gubernamentales adolecen de poca información o se fundamentan en datos obsoletos. (o copiados de Wikipedia). Un administración pública bacán debe ser profesional e innovadora por ello la incorporación de funcionarios con verdadera expertiz, no simples apitutados, sería una gran forma de mejorar el panorama.

Tancredo_y_José_Pinochet_Le-BraunUn ejemplo concreto, sobre cómo la probidad, innovación y el intelecto pueden rendir frutos en el sector público lo prestó Tancredo Pinochet Le-Brun (foto) , famoso escritor del centenario de Chile. En su obra de 1915 “Un año de empleado público” narró su experiencia como director de la Escuela de artes y oficios, actual Usach. Previamente, había ejercido un cargo de gerente en una empresa privada en Buenos Aires, donde ganaba muchas más lucas, pero como sentía que debía retribuir algo a su patria volvió a esta tierra con la firme convicción de mejorar el sistema de educación publica. Desde ahí, aplicando algunas estrategias del mundo privado, realizó mejoras sustanciales como contratar taquígrafas, las cuales lograron que todos los documentos se hicieran 6 veces más rápido (en una época en la cual las maquinas de escribir se usaban solo para los discursos del parlamento), sacar cascando a quienes no cumplían funciones reales (apitutados), establecer un programa de continuación de estudios con la Universidad de Chile gracias a la cual los técnicos podrían convertirse en ingenieros, implementar cursos auxiliares para trabajadores adultos que podrían optar a cargos más avanzados (como en los vespertinos actuales), entre otras cosas. Era un weón seco, con conocimientos amplios en gestión que le permitieron mejorar la vida de familias completas, puesto que veía a esa “Universidad del Trabajo” como un obligatorio agente de progreso para la comunidad chilena.

Esta no es una simple arenga neoliberal para privatizar elementos del sector público, filosofía que nos ha bendecido desde los 80s con la concentración de capitales, precarización laboral y congelación de la movilidad social. No se trata de traspasar lo público a lo privado, sino más bien a la inversa. Una buena gestión, dentro de los márgenes de la rectitud, la sensatez y creatividad que han permitido a tantas empresas privadas sobrevivir y crecer en un ecosistema tan desafiante como el nuestro puede ser un verdadero game changer, un giro en 180 grados para que nuestra administración pública esté al nivel que nos corresponde. Reconozco que parece una labor inconmesurable, pero creo firmemente que poco a poco usando los recursos estatales de forma apopiada podemos construir un sistema público como el que nos merecemos. Imaginen cuanto más majestuoso es el vuelo de nuestro cóndor después de verlo correr sobre la tierra, cargando su enorme envergadura,para despegar a las alturas. Ese cóndor es Chile, y Chile somos todos. Apañan?

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