Autodisciplina: Lo que los “chilennials” nunca aprendimos de La Roja y cómo arreglarlo

Todavía se siente amargura en la boca, un mal sabor por la derrota en la final de la Confederaciones. Nuestros cabros lo dieron TODO en la cancha contra la escuadra alemana. Aránguiz aguantó como un guerrero sus buenos chuletazos de parte de los europeos, Bravo y Medel hicieron lo posible por contener a Goretzka y Werner, Vidal y Alexis arremetieron mil veces contra la dura muralla germana respaldada por un sólido Ter Stegen. El pobre Díaz, fundamental artífice del juego nacional, simplemente se relajó…por un segundo, suficiente para que Stindl matara prematuramente todas nuestras justas ambiciones.

Pero esta no es una historia sobre lo que dejó esta generación de titanes criollos en San Petersburgo, sino la marca que han impreso los mismos en sus coetáneos. Sí, compañeros millennials chilenos (“chilennials” como dijo alguien tiempo atrás), les hablo a ustedes. Aquellos que crecimos en democracia y que vimos a todo color y en HD la amplitud de oportunidades que nos ofrece la globalización. Hay algo que la mayoría de nosotros nunca aprendió de nuestros astros del fútbol actual. Es que el camino del éxito es un viaje difícil y tortuoso. Decidirse a patear balones y no piedras requiere coraje, pero de hecho es la parte más sencilla del proceso. Lo peliagudo es mantener la concentración en nuestro objetivo a pesar de todas distracciones que aparecen en el camino.

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Cómo Vidal nunca se convirtió en un narco allá en Huasco? Porqué Alexis no se quedó varado en Tocopilla? Claro, el chute inicial de ellos, así como de muchos otros fue la necesidad, y también se mantuvieron en cancha por amor a sí mismos y sus familias. Pero para ser máquinas del fútbol no se necesita sólo chispa y combustible a fin de arrancar el motor del talento. Se necesita un engranaje, un sistema. Ahí podemos darnos cuenta que no se trata tanto de “magia” sino de un método. Citando a Alexis, “El fútbol me enseñó la importancia del esfuerzo y la disciplina, y a no esperar recompensas inmediatas sino entender que el trabajo duro da sus frutos tarde o temprano”. El mismo Alexis y también Bravo durante su estadía en el Barça fueron sometidos al código disciplinario de Guardiola y Luis Enrique. Por mencionar algunas de las reglas: llegar una hora antes del entrenamiento, firmar libro, no mostrar la hilacha en redes sociales y cero copete. A simple vista parece fácil, no? Pero miren a nuestros compañeros de la U o de la pega. Cuáles podrían cumplir a cabalidad dichas máximas? Una pequeña minoría.

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La autodisciplina es la parte más fome de la ecuación, sin lugar a dudas. Admiramos las historias de nuestros cracks futboleros, pero nos fijamos en sus resultados, no en sus fórmulas. Los “chilennials” detestamos el rigor, porque no se nos enseñó. Porque hoy en día todo se nos muestra como instantáneo y fácil. Comprar a crédito el plasma? Fácil. Acceder a algún tipo de educación superior? Fácil. Conseguir citas por Tinder? Fácil. Postear este artículo por Facebook? Fácil. Pero nada es tan sencillo ni barato. Cuesta pagar las cuentas, cuesta sacar una carrera, cuesta construir una buena relación, cuesta escribir un artículo que valga la pena leer. A mitad de estos caminos nos damos cuenta de la paja que es hacer las cosas bien, nos frustramos y nos deprimimos. Es lo que llaman “ver la cima, pero no la montaña”.

Pero tranquilein, que la cosa es menos terrible de lo que parece. Existen excelentes estrategias para construir la autodisciplina publicados por autores reconocidos y al alcance de todos en nuestro gran amigo, el internet. Por mostrar sólo a uno, voy a parafrasear a Leo Babauta, uno de mis escritores favoritos en temas de potenciar el rendimiento de nuestras tareas y planes cotidianos. El enunció esta lista de sencillos consejos para cultivar la autodisciplina.

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1. Encontrar motivación
Porqué querríamos vencer nuestra inercia? Bueno, no hay que buscar muy lejos. Estamos guatones, no rendimos en la pega, nuestras relaciones duran menos que un candy, nuestros emprendimientos no prenden. Nos duele, pero tenemos que mirarnos a nosotros mismos y cuestionarnos: Quiero lograr esto, pero no obtengo resultados… Estoy haciendo las cosas mal? Parece que estoy haciendo que mi vida empeore. Entonces, cómo puedo hacerla “menos peor”? Esa es la secuencia. Primero definamos el porqué y el cómo será mucho más accesible.

2. Pequeñas acciones
No podemos correr una maratón o escribir una novela en un día. Hay que partir con pasitos de guagua. Quieres ponerle weno al “running”? Corre 10 minutos a tu ritmo. Tienes una idea para un libro? Escribe sólo un párrafo con lo que se te venga en mente. Es tan fácil que es irrisorio? Esa es la idea. Es algo que es tan sencillo que estás 100% seguro que puedes hacerlo. Entonces “Just do it” y construye desde ahí.

Entrenamiento al estilo Bielsa

3. Entrenar la incomodidad
Llegamos a la pega. La oficina está asquerosamente desordenada, así que nos tardamos una eternidad en encontrar lápiz, papel, corchetera, el mouse y el teclado. Sabemos que nos demoraríamos 5 minutos en sacar las tazas, papeles arrugados, migas de pan y souvenirs varios que dejamos sobre el escritorio. Pero nos da laaaaata siquiera pensar en eso, así que preferimos simplemente quejarnos por Facebook de lo horrible que es todo en nuestro trabajo. Eso nos causa mucha amargura. Lo mejor es enfrentar las pequeñas incomodidades (como limpiar el escritorio de la pega, despertar más temprano, abandonar el carrete de media semana) para prepararnos para obstáculos más cototudos.

4. Conciencia plena e impulsividad
Estás en casa, te sientas al PC, dispuesto a escribir un informe para un proyecto importante y, de la nada, te dan ganas de meterse a Facebook a ver si le dieron “Like” a tus fotos del carrete del finde. Típico. Simplemente dan ganas de hacer cualquier wea excepto lo que realmente deseas. Una forma interesante de combatir estos impulsos es el ejercicio de “Nada, excepto esto”. Por los siguientes 10 minutos vas a escribir el informe o nada. Anulas las otras opciones, sólo puedes hacer la tarea o mirar el techo. Los impulsos son como olas, vienen y se van. Cada día agranda esa ventana de “Nada, excepto esto”: 12,14,20 minutos, etc. A medida que los impulsos son ignorados se van haciendo más escasos para eventualmente desaparecer.

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5. Entrenamiento de intervalos
Considera los consejos anteriores y prográmalos a intervalos. En simples pasos:
1. Encuentra la motivación para ser autodisciplinado.
2. Encuentra 1 tarea en la cual enfocarte (correr, escribir, ordenar).
3. Pon el temporizador por el tiempo mínimo para realizar tu labor. 5, 10, 30 minutos, según que tan preparado te sientas.
4. Haz “Nada, excepto esto”.
5. Cuando suene la alarma, date una pausa de 5 minutos
6. Repite, los intervalos por una o dos horas. Luego alarga la pausa y empieza con intervalos más largos. Ajústalo a tus necesidades.
Lo bueno de los intervalos es que te dan esa noción de avanzar en tu propósito a la vez de que haces la pega de la forma más sencilla posible.

6. Enfócate en los otros
Si sientes que lo anterior se te va haciendo difícil, encuentra motivaciones profundas, pero asociadas a otras personas.
Por ejemplo:
• Estoy escribiendo este informe porque mis colegas cuentan con ello.
• Salgo a correr por mi salud, pero también para motivar a mi pareja.
• Estoy iniciando mi negocio, por mí, pero también para mi familia.
Si hacer las cosas para tí mismo no te vasta, el hacerlo por otros te motivará aún más a seguir tu propio estilo de autodisciplina.

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7. Victorias en éxito y fracaso
A veces uno simplemente las caga. Como en la final en Rusia por ejemplo. No obstante, hay que considerar que el fracaso que tuvieron es un indicador de que hicieron el intento, que dieron la batalla por ser campeones. Y eso ya es una victoria en sí misma. Lo mismo para uno que quiere comenzar un plan de ejercicio, dieta, emprendimiento, una relación. A veces la vamos a embarrar, pero eso no significa que debamos tirar la toalla. Porque hicimos la pelea, vencimos la inercia, debemos estar orgullosos de aquello. El fracaso y el éxito son distintos tipos de victoria. En ambos podemos aprender, crecer y mejorar.

8. Obtén apoyo
No estamos solos en este mundo. Tenemos familia, amigos, incluso grupos de apoyo en internet que pueden ayudarnos. Los “chilennials” nos sentimos muy ridículos cuando le mostramos al resto que no somos los más bacanes según los canones de Facebook, Instagram o Tinder. Pero mostrar nuestro lado más oscuro y vulnerable hace que nuestro círculo cercano confíe más en nosotros. Porque en el fondo todos tenemos problemas con la autodisciplina, y aquellos que realmente la practican siempre van a tropezar con más de alguna valla. Haz a los demás partícipes de tus acciones positivas, solicítales su colaboración y así no enfrentarás esa necesarias incomodidades tú sólo. Créeme que te admirarán (y envidiarán a veces) por eso.
Obviamente estos consejos son válidos para todos aquellos que quieran mejorar sus vidas, pero se los dedico especialmente a mis amigos “chilennials”. Yo seguiré apoyando a la Roja a lo largo de las clasificatorias. Pero siempre les prestaré el hombro a todos esos muchachos iguales a mí, que andan afligidos porque chocaron con la montaña y necesitan un impulso para llegar a la cima. Un abrazo

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